19 de fevereiro de 2015

Tonada El Congo - "Códice Trujillo del Perú o Martínez Compañón" (S. XVIII)




EL CÓDICE TRUJILLO DEL PERÚ O CODEX MARTÍNEZ COMPAÑÓN, (S. XVIII)

A finales del siglo XVIII, Baltasar Jaime Martínez Compañón —obispo de Trujillo en el Virreinato del Perú— hizo un viaje de varios años para conocer la región que tenía a su cargo. Tiempo después, cuando tuvo que dejar Trujillo porque fue nombrado arzobispo de Bogotá, Martínez Compañón le envió al rey de España una serie de más de 1.400 ilustraciones, que había hecho durante ése viaje. Estas imágenes, que están actualmente en la biblioteca del Palacio Real de Madrid, se conocen como el "Códice Trujillo del Perú" o "Codex Martínez Compañón".
Dieciocho de las imágenes del códice Trujillo, contienen las partituras de 20 piezas musicales. Son las estampas que van de la E. 176 a la E. 193 del tomo II del códice Trujillo, y corresponden a la música que recopiló el obispo Martínez Compañón en el noroeste del Perú entre 1782 y 1785. Aunque se trata de música escrita según la tradición europea, tiene elementos que provienen de distintas culturas.

Escribe FRANCO DAPONTE [Libreto del CD]: «Sin duda uno de los más grandes aportes a la música en la zona, así lo demuestran las acuarelas, lo realizaron los esclavos africanos. 

La procedencia de los esclavos dependía del tipo de labor a realizar en el Nuevo Mundo, es así que para las labores mineras traían esclavos yorubas y para las agrícolas los Bantú. Por ser la zona recorrida por el Obispo eminentemente agrícola, la mayoría de esclavos procedía de Angola y Congo.
La Tonada del Congo (Tomo II, E. 178) da cuenta en el texto de la triste experiencia de un esclavo bozal llegado a la zona. Entre las danzas que llegaron de la zona bantú, las más popularizadas fueron las llamadas de “ombligada” propias de la zona de Luanda (África), que luego denominaron lundum, landó, samba landó, etc. Esta se sincretizó con las danzas populares españolas popularizadas en las tonadillas escénicas del siglo XVIII, como el fandango, la jota, las boleras, etc. Dando origen a variadas formas locales que luego conformaron la generalidad de los “bailes de tierra”, que fueron registrados por el Obispo en acuarelas y transcripciones musicales que llamó tonadas “de canto y baile” clasificadas desde la E. 181 a la E. 185».

Cuando una pieza musical (villancico, tonada…) daba voz a personajes africanos que hablaban en una temprana variedad criolla del castellano o el portugués, a veces mezclando algunas palabras sueltas de la lenguas yoruba o bantú (esta imitación del habla de los africanos, se denominaba “español bozal” o simplemente “bozal”), tendía a incorporar los fuertes esquemas rítmicos de percusión que eran considerados típicos de las danzas africanas, así como efectos antifonales y de responso entre los solistas y el “tutti”, que eran frecuentemente asociados con las ejecuciones vocales de la tradición africana. 



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